No pasa un año sin que me haga el propósito de prestarle mayor atención a mi alimentación, hacer ejercicio con más frecuencia o aprovechar al máximo mis momentos de ocio. Unas veces lo consigo fácilmente, y otras me cuesta más. Y es que hacerse éstos u otros buenos propósitos implica también acabar con los malos hábitos. Sucede que algunos nos acompañan durante tanto tiempo que casi forman parte de nosotros, y deshacerse de ellos requiere conocerse o, lo que es igual, mirar dentro de uno mismo (y eso no siempre es fácil), y ciertas dosis de esfuerzo y voluntad. Sin embargo, siempre hay espejos donde mirarse ante los momentos de debilidad. El mejor ejemplo, sin ir más lejos, lo tenemos en nuestro entrevistado de este mes. Santiago está a punto de cumplir 95 años y cada mañana, como si tal cosa, coge el coche que él mismo conduce para llegar al negocio que ha dirigido durante tantos años y del que todavía es el presidente. Dice que el secreto de su envidiable energía reside en conocerse y en tener la voluntad de cuidarse. Es la buena noticia: el esfuerzo trae su recompensa. En este caso, toda una vida llena de salud y vitalidad.
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