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de 1 a 3 años
A partir del año, y hasta los tres, el crecimiento del niño es considerable y por tanto sus necesidades alimenticias también serán superiores. Ha llegado el momento de comer de todo.
Lácteos: Debe tomar medio litro de leche al día,
bien en forma líquida, o en preparaciones culinarias (purés, sopas,
flanes, postres, bechamel), o bien tomando otros lácteos como queso,
yogur, cuajada, Petit Suisse, etc.
Carne y pescado: Necesita de 20 a 30 gramos de carne (1/5 de un
bistec normal) o pescado al día cuando tiene un año, e ir aumentando
hasta los 40 gramos que necesita a los tres años. Entre las carnes magras
se puede alternar: ternera, buey, pollo sin piel, conejo
Los pescados más adecuados son la merluza, el bacalao fresco, la pescadilla,
el lenguado, el rape, la trucha y el lucio.
Huevos: Son ricos en proteínas, en hierro y vitamina B12.
Hay que darle entre uno y tres a la semana (sustituyendo a la carne o pescado).
Cereales: Como ya está acostumbrado a las sémolas
finas y tapiocas, se le puede dar pastas de sopa y arroz bien cocido unas dos
o tres veces a la semana. Los cereales de cocción como los copos (de
avena, trigo, cinco cereales...) pueden reemplazar a las papillas de la mañana
o espesar sopas de verduras sustituyendo a la pasta. Se le puede dar pan en
lugar de galletas a la hora de la merienda, que ayuda al niño en la dentición.
Verduras: Deben entrar en la comida del niño dos veces
al día. Las puede empezar a tomar crudas en forma de pequeños
daditos: tomate, pepino, zanahorias ralladas finas y unas hojitas de lechuga
tierna cortada muy fina. Aliñar con unas gotitas de aceite y limón.
Entre las verduras cocidas, se puede alternar o combinar: zanahorias, puerros,
calabacines, judías, coliflor, alcachofas o endibias.
Frutas: Cocidas son una buena fuente de fibras vegetales y minerales,
y crudas aportan más vitaminas B1, B2, C y carotenos. Las frutas cocidas
aceleran menos el tránsito intestinal que las crudas y se recomiendan
cuando el niño tiene diarrea.
Las fresas se introducen en su dieta poco a poco, vigilando que no le provoquen
alergias; los plátanos tienen que estar muy maduros y hay que retirarles
los hilos marrones; las manzanas son buenas reguladoras del tránsito
intestinal porque tienen muchas pectinas -crudas y ralladas se toleran mejor,
sobre todo, si se dejan oxidar un poco (se ponen marrones)-; los nísperos,
melocotones, nectarinas, albaricoques, se le pueden dar al niños, primero
rallados y luego a pequeños daditos, siempre y cuando se hayan lavado
bien antes de pelarlos.
Nuevos sabores
Habituar al bebé desde los primeros meses a nuevos sabores, es la mejor
garantía de que en el futuro sea buen "comedor" y pueda hacer
una dieta equilibrada. Como no existe ningún alimento o grupo de alimentos
que pueda cubrir por sí solo las necesidades del organismo (a excepción
de la leche hasta los 6 meses), el equilibrio nutricional se consigue con la
variedad, ya que unos alimentos, se complementan a los otros, y las vitaminas
que contienen unos ayudan a asimilar los principios nutritivos que puedan tener
los otros.
Es importante tener en cuenta este principio al iniciar la diversificación
alimentaria y no caer en la tentación de darle siempre al bebé
la misma papilla porque es la que come mejor.
Para acostumbrar al bebé a un nuevo sabor, lo mejor es introducir un
nueva verdura o fruta a su papilla en muy pequeña cantidad, para que
su sabor quede enmascarado con los alimentos que ya ha experimentado, e ir aumentando
la dosis poco a poco.
Sal. El bebé no necesita tanto sodio como nosotros por
tanto hay que evitar salar demasiado su comida. Como norma general deberíamos
poner 2 veces menos sal en la comida del bebé de la que pondríamos
para el plato de un adulto. De esta forma se evitan riesgos de que cuando sea
adulto sufra hipertesión arterial.
Azúcar. Hay que habituar al niño a comer sin azúcar.
Si el primer que come se lo ofrecemos sin azúcar, siempre lo comerá
así. Y es un error endulzar los zumos de frutas que ya tienen su propia
azúcar natural: la fructosa. De esta forma se previenen las caries.
Miel. Es mucho más recomendado que el azúcar porque
a diferencia de ésta, contiene una buena dosis de sales minerales y de
vitaminas. Se puede añadir a las papillas de los niños desde los
6 meses, pero en poca cantidad.
La miel, gracias al calcio que contiene actúa como fortificante del esqueleto
y regeneradora de la sangre (también lleva hierro), y además tiene
propiedades antisépticas y cicatrizantes.
Leches fermentadas. Acaban de aparecer en el mercado
una gama completa de leches fermentadas frescas para lactantes desde los 4 meses,
según recomendación del fabricante. Elaboradas a partir de leches
adaptadas, llevan los fermentos Streptococcus Thermophilus y Lactobacillus Casei,
conocidos por sus efectos anti diarrea en los niños, por favorecer la
digestión y por estimular las defensas inmunitarias.
Los hay líquidos para dar con la tetina a partir de los 4 meses, semisólidos
para comer con cuchara a partir del año, sólidos tipo queso fresco
petit suisse, y con frutas.
El hipo
Es normal que los bebés tengan hipo y no reviste gravedad. Está
provocado por la excitación que provoca en un nervio el estómago
lleno de leche o por el aire que el bebé traga al mamar o tomar el biberón.
Para que le pase antes, hay que colocar el bebé tumbado plano bajo el
vientre.
Costumbres a desterrar
. Insistir para que el bebé se terminé hasta la última
gota del biberón y la última cucharada de papilla: esto hará
que el niño coja el hábito de sobrealimentarse.
. Poner mucha sal en las papillas.
. Añadir demasiado azúcar a sus bebidas o yogures.
. Sustituir las verduras y las frutas por féculas en todas las comidas:
pastas, sémolas, purés, arroz, galletas, bollería...
. Acostumbrar al niño a comer deprisa. Así no se sacia y se convertirá
en un glotón.
. Usar cucharas, tetinas y platos demasiado grandes.
¿Demasiado delgado?
Si el niño está sano, crece con normalidad y come bien, no hay
que preocuparse por su excesiva delgadez, ya que suele ser algo constitucional
que posiblemente cambie con los años. De todas formas hay algunas cosas
que se pueden hacer:
. Aumentar su consumo de vitamina B añadiendo diariamente 3 cucharadas
de levadura de cerveza a sus comidas (sopas, yogures, purés).
. Darle de beber, entre comidas y durante la comida, zumo de uva y de manzana.
. En lugar de bebidas gaseosas y refrescantes, ofrecerle batidos de frutas caseros
elaborados con leche de almendras.